¿Cómo podemos ayudar a los niños a adaptarse tras el divorcio?

Es una realidad, el número de separaciones o divorcios en España aumenta cada año. Esto trae como consecuencia la re – organización de numerosas familias. Para muchas de ellas, la separación supone un acontecimiento vital estresante, el cual conlleva una serie de cambios que afectarán a todos los miembros involucrados en el proceso, principalmente, a la pareja que se rompe y a sus hijos.

Para los hijos, la separación de sus padres conlleva un proceso de duelo, cuya elaboración y futura adaptación dependerá, por un lado, de las propias características de los niños (edad, temperamento, aprendizajes previos…) y por otro, de la forma en la que los adultos gestionen la situación ayudándoles a adaptarse de la manera más funcional posible.

A continuación, vamos a abordar una serie de acciones y pautas que los padres pueden poner en marcha para manejar y gestionar la situación y que ayudaran a disminuir las consecuencias negativas del divorcio en los hijos.

¿Cómo comunicarles la decisión a los hijos?

Una vez que los padres hayan tomado la decisión de separarse deberán decírselo a sus hijos. Para ello, es importante que se reúnan con ellos para contarles la decisión que han tomado y explicarles la nueva situación, adaptando el mensaje a la edad de cada niño. Esto, puede hacerse de dos formas: de manera conjunta o cada progenitor por separado, siempre basándose en el mismo argumento. Lo importante, es mantener la calma, evitar las discusiones y no convertir la situación en un drama. Los padres deberán de ser un modelo de solución de problemas y de superación de la situación.

Aunque cada familia y cada separación son diferentes y van a tener sus propias características, el mensaje principal será, que mamá y papá se van a separar, que no van a vivir juntos en la misma casa y explicarles los cambios que eso conlleve.

Debemos tener en cuenta, que hasta el momento vosotros erais su principal modelo de amor y cariño, por lo tanto, el hecho de que vuestra relación se rompa, puede despertarles dudas acerca de las relaciones de amor. Si mamá y papá se han dejado de querer…¿Podrían dejar de quererme a mí algún día?. Por esto, es importante que les aclaréis, todas las veces que sea necesario, que a ellos les vais a seguir queriendo y cuidando como hasta ahora y que vais a estar siempre disponibles para ellos.

Además, es habitual que los niños busquen y atribuyan las causas del divorcio a su propia conducta, por ejemplo, “mamá y papá discutían por que yo me portaba mal.” Por lo tanto, debemos aclararles que ellos no tienen ninguna responsabilidad en la decisión ni podían haber hecho nada para evitarla. Siguiendo esta misma linea, es normal que los niños fantaseen con que sus padres vuelvan a juntarse y todo vuelva a ser como antes, por lo que pueden llevar a cabo acciones para que esto ocurra. No debemos fomentar estas fantasías de reconciliación, sino reforzar la idea de separación.

Debemos orientar la conversación hacia las partes positivas de la nueva situación: decirles que se acabaran las discusiones, hablarles de la nueva casa (animarles a que sean ellos quienes ayuden a decorar su habitación y a llevar alguno de sus juguetes…) recordar las actividades que vais a seguir haciendo (por ejemplo, seguir yendo a verles a sus partidos o yendo a comer los fines de semana a casa de los abuelos…).

A medida que los niños vayan asimilando la nueva información, es normal que les surjan dudas y miedos a cerca de la nueva situación. Debéis mostraros siempre disponibles para resolverlas de forma clara y sincera. Además, conviene que cada niño tenga un espacio individual con cada uno de los progenitores para poder hablar del tema tranquilamente.

¿Cómo podemos actuar para ayudar a nuestros hijos a adaptarse a la nueva situación?

En un primer lugar, es importante normalizar la separación lo máximo posible. Para ello, las primeras semanas debemos dejar que el progenitor que no tenga la custodia pueda visitar al niño en la casa en la que vive.

Uno de los principales problemas con los que se encuentran los niños cuyos padres se han separado, son los numerosos cambios que se producen en su día a día. La adaptación a la nueva situación es un proceso costoso para muchos niños, por lo que cuantos menos cambios se produzcan en sus rutinas diarias más facilitaremos su adaptación.

Los cambios repentinos de casa, colegio, parque o incluso ciudad harán que les resulte más difícil adaptarse.

Además, debemos, en la medida de lo posible, mantener sus rutinas del día a día e ir haciendo los cambios de forma progresiva. No debemos ser egoístas en este sentido, si los niños tienen planeadas actividades, debemos de respetar su tiempo y autonomía, especialmente en la adolescencia. Si lo hacemos así, será él quién os devuelva ese tiempo en el futuro.

Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de gestionar de forma adecuada esta situación, son los mensajes que se dan en las diferentes casas. Es habitual que los padres que acaban de iniciar un proceso de separación estén atravesando por una situación personal complicada. Esto, tiene como consecuencia, que algunos padres lleven a cabo acciones que ponen a sus hijos en situaciones de vulnerabilidad, olvidándose del sufrimiento que esto les puede causar. No debemos perder de vista que la otra persona siempre será su padre o madre y que estas situaciones le supondrá un conflicto de lealtades.

Este tipo de acciones pueden ser muy variadas: hablar mal del otro progenitor de forma directa o indirecta, “usarlos” de mensajeros, preguntarles acerca de aspectos comprometidos de la vida personal del otro progenitor, etc. Además, cuando el niño tenga que ir a casa del otro progenitor, no debemos de hacer un drama de la situación, sino animarle hablándole de lo bien que se lo va a pasar y de las cosas positivas que tendrá ir con su padre o madre.

Es importante que el niño perciba continuidad entre ambos hogares.

Para ello, los padres tienen que estar de acuerdo en los modelos educativos que siguen con los niños a la hora de establecer límites y normas. Los padres deben de informarse de los acontecimientos que les ocurren a sus hijos en el día a día (colegio, amigos, deportes…) e implicarse en la vida cotidiana del niño ( ir a buscarle al colegio, llevarle a actividades extra escolares, fiestas de cumpleaños…).

El hecho de que la pareja se rompa, hace que sus miembros pierdan a uno de sus principales apoyos y es habitual que este “hueco” lo comiencen a ocupar los hijos tras el proceso de separación. En relación a esto, pueden darse situaciones en las que los padres se desahoguen con sus hijos, les hablen de temas personales o les hagan responsables de situaciones que como niños, no les corresponden.

Por último, recalcar que se trata de un proceso costoso y doloroso para todas las personas implicadas en él. A pesar de ello, tendremos que esforzarnos en cuidar y proteger a los más pequeños, para que puedan seguir siendo niños cómo hasta ahora.

Marta Valdés Sánchez.
Psicologa Infato-juvenil.
Apraxia Psicología.