Mi hijo/a se niega a comer o tarda mucho en terminar la comida.

¿Qué puedo hacer?

Podría decirse que uno de los problemas más frecuentes relacionados con la alimentación en población infantil es el del rechazo o negación a la comida a la hora de esta. El famoso ‘no me gusta’ con el que muchas veces nos peleamos en el momento de sentarnos a la mesa o el ‘no quiero más’.

Podemos pasar largas horas intentando que nuestro hijo o hija terminen todos los alimentos del plato e incluso muchas veces renunciamos antes de conseguirlo por cansancio y/o desesperación. A la vez que nos preocupamos de si la negativa a comer pueda llegar a más, hasta el punto de que la ingesta de alimento sea nula, pudiendo hacer que nuestro/a peque caiga enfermo/a.

Sin embargo, hay algo que en ocasiones pasamos por alto y no tenemos en cuenta y es que todos los niños son diferentes. Todos los niños/as no comen lo mismo, no necesitan la misma cantidad de ingesta y esto a veces puede chocar con nuestras ideas y expectativas de que los peques deben comer grandes cantidades de alimentos para crecer sanos y fuertes, sin tener en cuenta las variables individuales de cada uno.

La asociación de grandes cantidades con salud esta muy presente en nuestra sociedad y eso a veces puede llevarnos a dramatizar momentos en los que nuestro hijo/a no necesita comer tanto. Es normal que nos preocupemos al tener tan arraigadas estas expectativas de tener un bebé que cuanto más coma mejor y cuanto más gordito mejor, ya que por nuestra historia y hábitos de épocas pretéritas se ha aprendido a reaccionar ante la comida de una manera en la que se si se podía ingerir, cuanto más mejor, por si el día de mañana no se pudiera disponer de alimento, como mecanismo de supervivencia.

Y como ha sido un mecanismo de supervivencia para nuestros antepasados, en la actualidad se genera una preocupación excesiva en torno a la ingesta, la cual se traduce en poner a los hijos/as en situaciones de tener que comer lo que no quieren, rompiendo una necesidad básica ligada al placer y convirtiéndola en una obligación desagradable.

Negativa a comer.

Las negativas a la ingesta pueden ser muy variadas, múltiples y tener diferentes formas, ya sea por la cantidad, el tipo de alimento, la manera de cocción…

En ocasiones puede estar causada o mantenida por nuestra propia actuación de los adultos de manera inconsciente, por el clima generado a la hora de la comida o por el simple hecho de que no necesita más alimento. Por eso es importante analizar que está sucediendo a la hora de la comida.

Y como la mayoría de las veces puede resultar difícil saber actuar de la manera más adecuada, vamos a mostrar de manera breve algunas pautas a seguir para intentar desvanecer esta conducta de negación.

Algunas pautas y recomendaciones para estos casos. 

  1. Respetar los tiempos de las comidas principales y no dar snacks, chucherías u otro tipo de alimentos entre estas.
  2. Fijar un horario y un lugar específico en el que hacer las diferentes comidas, teniendo una rutina de horas.
  3. Intentar en la medida de lo posible realizar las comidas todos los miembros juntos, permaneciendo sentados, sin pausas ni interrupciones durante estas.
  4. Fomentar conversaciones con nuestros hijos/as, que nos cuente que tal le ha ido el día, que ha hecho en el colegio, a que le gusta jugar, intereses, etc. Haciendo que la hora de sentarnos a la mesa sea agradable y no se viva como un rato aversivo.
  5. Nunca terminar dándole nosotros mismos de comer. Reforzar cualquier intento que haga de comer solo, tiene que ser él quien coma por su propio medio, no infantilizar.
  6. Evitar gritos, discusiones o discursos.
  7. Por último, mencionar que los padres y madres, sois modelos para los más pequeños y por eso es muy importante cuidar los propios hábitos alimentarios. Dando ejemplo de lo que se debe y no se aconseja hacer durante las comidas y favoreciendo un ambiente cálido y motivador para llevarlas a cabo.

Recomendación

Sin embargo, si nuestro hijo/a perdiera o cogiera peso de manera considerable, es recomendable acudir a un profesional para una observación y recogida de información más exhaustiva, teniendo en cuenta variables como la edad o la manera de actuar de los adultos, de cara a conocer cuáles serían las características específicas de esa conducta de negación, que variables estarían influyendo sobre esta, y poder iniciar una intervención lo más apropiada y personalizada.

Celia Medrano Aguilar. 
Psicóloga infanto-juvenil.
Apraxia Psicología.  

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