La muerte es un hecho inevitable que forma parte de la vida y antes o después todas las personas nos terminaremos enfrentando a ella.   

Es un evento difícil de asimilar, doloroso y complejo, el cual se dificulta aún más si tenemos que darles la noticia a los más pequeños de la familia. 

En ocasiones no sabemos cómo comunicar la muerte de un ser querido a nuestros hijos/as y terminamos ocultándolo o dando explicaciones erróneas que solo llevan a generar una atmósfera de confusión. Intentamos protegerles de la muerte porque pensamos que así podemos ahorrarles un gran sufrimiento, pero realmente con esto solo conseguimos apartarles de uno de los eventos fundamentales de la vida. 

El hecho de que nos cueste tanto hablar de la muerte con nuestros hijo/as e incluso a veces lleguemos a ocultarlo no significa que seamos peores o mejores padres o que tengamos un problema, si no que a menudo surgen numerosas dudas de cómo abordar diversas situaciones de la vida, no nos encontramos preparados para ello o no tenemos los conocimientos suficientes para hacerlo de la manera más idónea. 

Esta dificultad y falta de preparación para poder abordar la muerte con naturalidad surge en gran parte por el cambio que ha ido teniendo la idea de muerte en nuestra cultura los últimos tiempos. 

Los avances científicos, el incremento de la esperanza de vida, el paso de fallecer en hospitales en vez de en las casas; la institucionalización de la muerte, una sociedad que intenta alejarnos del sufrimiento en todo momento y la naturalidad con la que se asumía la muerte han cambiado. Fomentando que, a día de hoy, la muerte ya no sea algo tan visible para los/as pequeños/as y que palabras como ‘muerte’ o ‘funeral’ nos aterren y se intenten reemplazar por otras que consideramos más agradables. También podemos tener la creencia de que el duelo infantil no existe o no es algo frecuente, sin embargo, es más común de lo que pensamos.

Otra cuestión por la que no nos resulta fácil hablar de muerte con los niños/as es el propio dolor que estamos sintiendo después de la pérdida. 

Por eso es importante tener en cuenta algunas recomendaciones para abordar el duelo de una manera saludable con los/as niños/as. Ya que en función de las explicaciones que les demos sobre la muerte se tendrá una vivencia diferente del primer duelo, el cual marcará sus experiencias de pérdida posteriores. 

Recomendaciones para comunicar la muerte y abordar el duelo:

  • El fallecimiento debe ser comunicado por personas que sean cercanas y queridas por el niño/a. Normalmente suelen ser los padres, uno de ellos o una persona que quede a su cuidado en el caso de que fallezcan los dos progenitores. 
  • Debe comunicarse de manera inmediata, cuando antes mejor, que sea una de las primeras personas conocedora de la noticia.  
  • En un primer momento dar aquella información que consideremos importante, y poco a poco ir añadiendo información adicional que pueda responder a las dudas del menor. 
  • Que el espacio donde se transmita la noticia sea un espacio íntimo en el que las reacciones, emociones o dudas puedas expresarse sin miedo. 
  • Favorecer un diálogo que le haga sentir libre para expresar cualquier duda. En el caso de que nosotros no sepamos responder podemos contestar de manera sincera e indicarle que no sabemos si hay una respuesta que sea correcta o tranquilizadora.
  • Es importante que la persona que vaya a comunicar el fallecimiento transmita su tristeza pero que no se vea desbordada por emociones muy fuertes, ya que esto podría atemorizar al niño/a. Lo ideal es que las expresiones emocionales tengan lugar, pero sin ser explosivas.
  • Los más pequeños/as necesitan continuar lo antes posible con sus rutinas, ya que estas le proporcionan seguridad y le generan la mínima incertidumbre. 
  • Tener en cuenta el pensamiento mágico en los niños/as ya que cuando son pequeños este es muy potente y aclarar su responsabilidad frente a la muerte. Por pensar o decir algo malo sobre esa persona en algún momento no quiere decir que haya muerto por ello. 
  • Dejar claro que el cuerpo de la persona que ha fallecido no funciona, no puede vernos, no puede oírnos… no hay ninguna función vital. Pero transmitir que, a pesar de esto, la persona fallecida permanecerá en nuestro recuerdo, nuestra memoria y nuestro corazón por lo que siempre que queramos podremos recordarla. Para ayudar a traer esos recuerdos es imprescindible hablar de la persona, de las emociones y las sensaciones propias. 
  • Explicar en qué consisten los ritos funerarios, las ceremonias religiosas, los tanatorios, etc. y hacerles partícipes de la despedida.
  • Comunicar la noticia al colegio es esencial, ya que allí es donde el menor pasa la mayor parte del tiempo y tanto los profesionales como los compañeros no podrían comprender las reacciones o conductas relacionadas con el duelo.

Por último, me gustaría recordar el tener en cuenta las necesidades de cada niño o niña en todo momento, sin equipararlas a las de los personas adultas, para, en función de ellas, ir adaptándonos a sus ritmos, sin caer en la sobreprotección o el abandono.

Celia Medrano Aguilar.
Psicóloga Infantil.

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