Crecer y educar en el respeto

  • Educar desde el respeto

Crecer y educar en el respeto

PPuede que en la labor de criar y educar a tus hijos e hijas hayas experimentado desbordarte en algunas ocasiones, quizá, a temporadas, incluso todos los días. También puede que en ocasiones te sientas culpable por no haber sido capaz de hacer las cosas como te gustaría, un ideal que a veces se consigue y otras, resulta casi imposible.

Lo que si supone una realidad para muchas personas es que criar y educar es un gran reto, difícil en muchísimas ocasiones que implica cuestionarnos seriamente y aprender constantemente.

Unimos a esta labor personal y social tan compleja, la crianza y educación de nuestros hijos e hijas, con la dificultad actual para la conciliación laboral, familiar y personal o de ocio, la conciliación interna en el hogar en lo relacionado con el reparto del trabajo doméstico, la gran exigencia y rigidez cultural sobre lo que significa ser una buena madre o ser un buen padre y sobre lo que es bueno o no para el desarrollo de nuestros hijos e hijas, la situación económica de muchas familias y ahora también la convivencia con Covid-19 y sus consecuencias a nivel social, por no decir, otras circunstancias intrínsecas a cada unidad familiar que podrían complejizar más o menos todo este proceso inmenso y sensible.

Resultado de imagen de niño haciendo equilibrioTe recordamos que caminar en equilibrio nunca supone quietud y menos, en esto de acompañar a nuestros hijos e hijas en su desarrollo y orientarles. Constantemente necesitamos realizar pequeños y sutiles movimientos, controlados, concentrados y sensibles para lograr mantenernos en ese equilibrio tan deseado, por ello, todos esos vaivenes en nuestra forma de actuar, forman parte del proceso de aprendizaje en el que nos encontramos como padres y madres para conseguir crear la mejor realidad que nos sea posible a lo largo de la vida en relación.

Educar desde el respeto a nuestros hijos e hijas y también a nosotros y nosotras, pasa por desarrollar la capacidad de aceptación de lo que la vida es en cada instante, aceptándoles a ellos y ellas, sus necesidades, sus ritmos, sus formas y también aceptarnos a nosotras y nosotros, con lo que esto supone: momentos de frustración, aceptación y creación.

Aunque todo pasa por la aceptación y el amor, es importante entender que somos las personas adultas las que tenemos mayor capacidad de regulación, mayor capacidad de adaptación y de posponer o transcender nuestras propias necesidades con el fin de colocarnos en el lugar de acompañantes nutritivos para nuestras hijas e hijos. Sin embargo, no siempre conseguimos ocupar este lugar sin rompernos, desbordarnos, confundirnos, deprimirnos, rabiarnos o lo que acontezca en cada instante, dejando por momentos de verlos a ellos y sus necesidades, en primer lugar, para estar ocupados en gestionarnos como padres y madres.

En nuestra consulta recibimos a padres y madres que muestran su preocupación por no saber cómo afrontar la relación con sus hijos e hijas sin caer en gritos o situaciones de gran estrés. Estas familias se preocupan porque sienten que se han creado hábitos raros y que las cosas no van bien y desean encontrar herramientas que les permitan pasar más tiempo de calidad y disfrute con aquellos y aquellas que más aman.

Desde nuestra experiencia como profesionales de la psicología y madres/padres de 1, 2 y hasta 3 hijos, entendemos que no es lo mismo hablar desde el punto de vista profesional que desde el vínculo personal materno-paterno filiar. Estar en relación, educar, acompañar y orientar desde el respeto a ti y a mí, es un arte sensible que hay que ir aprendiendo.

Lo primero que querríamos transmitir como profesionales de la Psicología respetuosa y padres/madres, es calma, paciencia y determinación ante la decisión de lograr un cambio en estas situaciones o dinámicas aprendidas.

descargaPara poder afrontar la crianza y educación de una manera más respetuosa y empática es necesario ser capaces de vernos como adultos que experimentamos dicha dificultad, pues reconociéndola es más fácil que podamos encontrar maneras o estilos de estar en relación que funcionen mejor desde el punto de vista del bienestar y el amor. Conectar con un posible sentimiento de culpa debe ayudarnos a comprometernos con el cambio para que el vínculo de nuestros hijos con nosotras sea cada vez más profundo y confiable, sabiendo, eso sí, que los cambios se realizan poco a poco, sin prisas, con coraje y gran determinación.

De ningún modo te animamos a que la culpa te dañe ni te reste felicidad en la vida, lo que si queremos es que tengas la valentía suficiente para sentir lo que sientes sin justificaciones que resten importancia a lo que sí la tiene. Gracias a ese contacto sincero con aquello que nos hace sentir mal de nuestra forma de estar con nuestros hijos e hijas, podremos orientar un cambio hacia nuevas formas de relación más respetuosas. Transitar sin disimulo ese dolor, culpa, malestar o enojo, sin echar balones fuera, te colocará de frente con lo que hay en cada momento y te ayudará a seguir buscando y encontrando opciones para mejorar, atendiendo en cada momento la necesidad que se manifiesta.

Por otro lado, debemos saber que, fundamentalmente referenciamos y orientamos a nuestros hijos e hijas a través de nuestras reacciones, nuestro estilo y nuestras formas de vivir y gestionar las situaciones, por lo que es maravilloso afrontar estas situaciones críticas con honestidad hacia nosotras mismas y hacia ellos y ellas. Debemos entender que mostrarle a mis hijos e hijas como me desbordo y cómo me repongo de dicho desbordamiento es esencial en su proceso de aprendizaje de convertirse en personas independientes.

Por ello, os animamos a identificar en vuestra tarea como padres y madres los siguientes pasos de una gestión emocional positiva durante una crisis:

Pasos de una gestión emocional positiva durante una crisis.

1. Desarrolla la honestidad propia de lo que me pasa:

Sin intentar negarlo, sosteniéndolo con paciencia hacia mí y coraje. Permitirme mostrarlo o expresarlo a mis hijos e hijas de manera sencilla y controlada, simplemente nombrando mis emociones: estoy triste porque hoy no nos entendemos, me duele verte llorar, no me gusta que pegues a tu hermana, estoy nerviosa porque tengo muchas cosas que hacer y no puedo sentarme a jugar contigo, me disgusta que no colabores a la hora de vestirte, me genera impotencia y rabia no poder ayudarte…

2. Para todo por unos minutos para experimentar esa emoción crítica:

Trata de serenarte y respira varias veces.

3. Acepta que la situación es así:

Relájate asumiendo que las cosas no funcionan como tú quieres exactamente, que todo parece un caos, tomate unos segundos para asumir tu frustración y entiende que los niños y las niñas no responden positivamente con rigidez. Es el momento de gestionar tu impotencia y es importante asumir que necesitas manejar las cosas con más tranquilidad. Por ello sería interesante rebajar tus expectativas inmediatamente y plantearte el objetivo para unos minutos más adelante.

4. Una vez estés más en calma, intenta entrar de nuevo en la situación:

Es el momento de ser prudente, intervenir un poco menos, simplemente acompañando la complejidad de la situación.

5. Decide qué quieres hacer y cómo:

Si valoras que es necesario incorporar un límite, comunícalo con calma mirando a los ojos y actúa.

6. Sostén tu decisión y la reacción de ellos o ellas con una gran fuerza amorosa:

Quizás un abrazo, quizás aquietándote, quizás explicando que entiendes que se enfaden o quizás dejándoles que se expresen,  mantente firme y amorosa ante la reacción de frustración de tus hijos.

7. Deja que su emoción de frustración cese:

Poco a poco, sin prisas y sin intentar influir en ellos y deja que todo vuelva a la normalidad. Te sorprenderás de lo rápido que pueden llegar a serenarse.

8. Si los niños son mayores, puede ayudar hablar posteriormente del conflicto.

Puede ser a los diez minutos, una hora, varias horas e incluso otro día, lo importante es poder hablar con tus hijos sobre lo que ha ocurrido en ese momento y mostrarle tus sentimientos y deseos al respecto. No olvides que ellos también han experimentado aquella situación, seguro que ellos y ellas también tendrán que aportar su punto de vista, siendo ésta, una buena oportunidad para escucharles y darles la importancia que tienen. Seguro que juntos podéis comprender y cerrar la situación con un sentimiento de aprendizaje y crecimiento.

Para no caer en situaciones más tensas y gritos, es necesario pararnos cuando se sucede ese momento en el que nos vamos a romper, sabiendo que, aunque sea la situación la que me lleva a gritar y experimento mil razones para ello, soy yo la que decide parar asumiendo mi frustración o por el contrario seguir insistiendo en que las cosas sean rígidamente como yo quiero.

mirarte a los ojosPor ello, aunque sea necesario que los niños y las niñas aprendan a funcionar de manera diferente a como estamos observando, debemos entender que a través del estrés no conseguiremos más que transmitir temor, tristeza y caos en todos y todas. Así pues, parar, serenarnos, aceptar mi frustración y reconducir la situación sin tanta exigencia, podría ser una buena manera de lograr el mismo objetivo, pero sin tanta pelea ni estrés, desde un lugar de mayor serenidad y confianza.

Por otro lado, y con idea de generar más momentos de armonía y calma generalizada en el hogar, creando nuevas rutinas más respetuosas, te planteamos 4 puntos para que pienses:

 

Hábitos y rutinas positivas.

1. Bajar el ritmo y decidir qué es lo más importante en cada momento siendo capaz de flexibilizarte. 

Cuando las cosas empiezan a alborotarse es un momento idóneo para parar lo que estás haciendo y concentrarte en ellos por un rato. Bajar el ritmo, flexibilizarte y reorientar las dinámicas familiares ordenando a través de una presencia consciente con ellos acompañándolos en esa situación. Así podrás reconducir sutilmente y con armonía la situación antes de que explote la crispación. Saber alternar entre momentos de actividad y momentos de más calma es fundamental para que las cosas vayan mejor. El ritmo de alternancia entre la calma y la actividad no lo marca únicamente los horarios establecidos de ciertas rutinas, sino que estos podrían verse variados moderadamente a favor de adaptarnos a los ritmos personales de los niños y las niñas y sus dinámicas personales o grupales, en el caso de varios hermanos. A veces funciona mejor posponer un rato la tarea prevista con el fin de encontrar mejor receptividad en ellos. Se consciente que tienen su propio ritmo, y aunque son muy importantes para su desarrollo las rutinas y hábitos organizados, no debemos pasarnos con la rigidez con la que los planificamos ya que los más pequeños responden mejor desde la motivación. Para lograrlo podemos esperar un poco y aprovechar otro momento donde están más dispuestos o donde la cosa fluye mejor.

2. Valora en qué situaciones es verdaderamente importante intervenir

¿En qué situaciones es importante intervenir como para atravesar un conflicto y cuales no lo son tanto? Es importante que sepamos ceder en cosas que no tienen importancia, al mismo tiempo que es importante que nos mantengamos firmes, aunque suponga un conflicto, en aquellas que sí la tienen.  También es interesante recordar que algunas situaciones de confrontación podríamos evitarlas utilizando estrategias diferente que generan menos tensión como pueden ser: desviar la atención hacia otra cosa que también la genera, sacar al niño o niña de la situación, pedir que haga algo en concreto que sí puede hacer en vez de nombrar aquello que no queremos que haga… Como padres y madres que buscan mantener el equilibrio en el bienestar, elegimos bien las batallas a lidiar.

3. Explicar las cosas con claridad sin malinterpretar sus intenciones.

El regañar o la reprimenda forma parte de un estilo que no siempre es necesario y en muchas ocasiones genera una relación de desconfianza o de culpabilización hacia el niño o la niña. Es importante explicar las cosas con claridad sabiendo que sus intenciones no son malas. Asume que es un trabajo de recordarles para que poco a poco vayan incorporando determinadas conductas o aspectos y no tanto de que lo hagan así con mala intención. En ocasiones lo hacen como lo hacen porque no saben hacerlo de otra manera o porque no saben gestionar la inmensa pulsión que les mueve. Por ello, tu enfado no tiene tanto que ver con su deseo de hacer las cosas mal como por la impotencia, frustración y rabia que nos genera a nosotros que no hagan las cosas de la manera que me hace sentir a mi tranquila.

4. Haz el trabajo de dirigir tu atención a todas las cosas que hacen bien

Y además a todos los momentos en los que, colaboran, ríen, disfrutan, se concentran… nómbralo y reconócelo, exprésales tus emociones positivas, comparte con ellos todo ese bienestar que produce ir haciendo las cosas a gusto y en calma. De esta manera estás trabajando en la misma dirección, pero desde el punto de vista positivo de reconocer los logros, generar autoestima y bienestar y disfrutar de estar juntos compartiendo de manera ordenada.

Esperamos que estas reflexiones te sirvan e inspiren en algún cambio que facilite una mayor armonía en tu relación con tus hijos e hijas. Si tienes alguna duda o aclaración sobre algún aspecto de esta reflexión u otras cuestiones, puedes ponerte en contacto con nosotras.

 

Cristina Pastor Martín
Pedagoga y terapeuta Gestalt

Sobre el autor

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