Las emociones en la infancia se desarrollan gradualmente a medida que los niños y niñas experimentan la vida. Esto ocurre a través de las interacciones con las situaciones de vida y sus agentes: la relación con sus figuras de apego y cuidado, las experiencias, acontecimientos, el desarrollo madurativo, cognitivo y emocional.

A medida que van creciendo y experimentando, aprenden a identificar y manejar los efectos de las emociones en sí mismos y su entorno.

En un primer momento, los bebés comienzan emitiendo respuestas emocionales básicas, como experimentar el placer y el malestar y, con el tiempo, desarrollan emociones más complejas como la alegría, la tristeza, el miedo y la ira.

Las madres, padres y resto de cuidadoras desempeñan un papel crucial al proporcionar un ambiente seguro y amoroso que permita a los niños y niñas explorar y aprender sobre cómo habitar, sostener, expresar y en definitiva gestionar sus emociones.

Formas en las que se manifiestan las emociones en la infancia

En la infancia, como en la edad adulta, las emociones se experimentan de diversas formas, incluyendo siempre cambios fisiológicos, expresiones faciales, gestos, vocalizaciones, en definitiva, comportamientos.

A lo largo de la infancia y de la vida adulta, vamos aprendiendo a gestionar todos estos impactos consecuencia de las emociones y conseguimos manifestarlas cada vez de manera más equilibrada y ecológica tanto para nosotros como para nuestro entorno. Sin embargo, necesitamos comprender y asumir con humildad que se trata de un proceso que nos lleva gran parte de la vida y no se realiza únicamente en la infancia.

Los niños y niñas, por su forma de ser, manifiestan las emociones de manera muy intensa. Cualquiera que conozca a un niño, sabe de esto.

¿Cómo son los niños y las niñas?

Viven por naturaleza y necesidad vital orientados al juego. Es por ello que se considera un derecho fundamental en la infancia reconocido de manera universal. De esta forma, a través del juego, de los roles que adquieren y van cambiando en los juegos, el tipo de actividad física que emplean, de las interacciones con otros niños o juguetes, están manifestando y expresando las emociones que, quizá, de otra manera no han podido manifestar por su inmadurez.

Su talante y forma de estar en la vida es eminentemente física y emocional. Por ello, no debemos esperar que gestionen situaciones de forma racional, ya que no pueden hasta más avanzada la edad. Esperar de ellos y ellas que regulen su intensidad a edades muy tempranas, podría suponer un daño sobre ellos y sobre nuestro vínculo con ellos. Sin embargo, desde edades muy tempranas aprender de los adultos y adultas de forma vicaria como modelos ineludibles y acompañantes en ese proceso de aprendizaje de regulación.

Viven únicamente en el presente lo cual explica por qué cambian tan rápidamente de una emoción a otra tras. A veces, como adultos que tenemos integrada la perspectiva temporal, nos enfadamos o no podemos comprender esta naturaleza tan cambiante y la juzgamos de “cuentitis”, “tonterías” o incluso “manipulaciones” cometiendo el error de no acompañarlos validándoles y enseñándoles una buena gestión de sus emociones.

A nuestro modo de ver, comprender la orientación al presente y al juego de los niños y niñas ayuda a poder respetar su naturaleza al mismo tiempo que atendemos nuestras necesidades adultas de manera más armoniosa para todos y todas.

Otra característica importante a tener en cuenta respecto a su forma de manifestar las emociones es que todavía no han podido interiorizar los valores y juicios sociales y culturales, por lo que es muy posible que nos encontremos conductas no permitidas socialmente entre el repertorio de formas de manifestación emocional. Por eso, no debemos alarmarnos cuando un hermano de 4 años enfadado de dice al otro hermano, te voy a matar y 5 minutos después están riendo y jugando. Su emocionalidad, intensidad, ausencia de interiorización de valores morales y su orientación al presente y al juego es lo que orienta esta conducta, aparentemente contradictoria.

También podemos reflejar en este listado que son inmaduros a muchos niveles incluyendo el autocontrol de los impulsos que emergen como consecuencia de experimentar las emociones.

Estas manifestaciones emocionales varían según la edad, la personalidad y el entorno del niño o niña, cómo está siendo su educación y el acompañamiento que esté recibiendo en relación a sus procesos de aprendizajes en general y en concreto al desarrollo de su madurez emocional, en concreto.

¿Cómo podemos ayudarles a gestionar y reconocer sus emociones?

Ayudar a los niños y niñas a reconocer y gestionar sus emociones es fundamental para su desarrollo emocional y social.

Es necesario entender la recomendación más importante de este artículo que detrás de cada manifestación emocional hay una causa y que comprender y atender la causa es el único camino para ayudar a nuestros hijos e hijas a regular sus emociones de forma saludable y satisfactoria.

El resto de los tips, son consejos que pueden ayudar y que más adelante te vamos a ofrecer alguno. Sin embargo, conectar de forma empática y real con nuestros hijos sin caer en juzgarles por sus conductas y mantenernos en conexión con ellos, aunque nos frustre y cueste, es el camino para el desarrollo de una verdadera inteligencia emocional en nuestras relaciones y salud en su desarrollo.

Y como sabemos que este es un proceso que de desarrolla a lo largo del tiempo y con apoyo de una comunidad u orientación, queremos recomendarte que eches un vistazo a nuestra formación en crianza respetuosa.

  1. Validar sus emociones: Reconocer y validar las emociones de los niños les ayuda a sentirse comprendidos y aceptados. Por ejemplo, puedes decirles «Entiendo que te sientas triste porque perdiste tu juguete».
  2. Enseñarles a identificar emociones: Ayuda a los niños a identificar y nombrar sus emociones. Utiliza libros, juegos o dibujos para mostrarles diferentes emociones y discutir qué las causa.
  3. Modelar comportamientos emocionalmente saludables: Los niños aprenden mucho observando a los adultos. Mostrarles cómo manejar las emociones de manera constructiva, como respirar profundamente cuando están frustrados, puede ser muy útil.
  4. Fomentar la comunicación: Anime a los niños a expresar lo que sienten y a hablar sobre sus emociones. Esté disponible para escuchar sin juzgar y brindar apoyo.
  5. Enseñar estrategias de manejo del estrés: Enséñales técnicas simples como contar hasta diez, tomar respiraciones profundas o tomarse un momento para calmarse cuando se sientan abrumados.
  6. Resolver problemas juntos: Ayúdalos a encontrar soluciones a los problemas que puedan estar causando sus emociones negativas. Esto les ayuda a sentirse capacitados y les enseña habilidades de resolución de problemas.
  7. Fomentar la empatía: Enseña a los niños a entender cómo se sienten los demás y a considerar las emociones de los demás en sus interacciones sociales.

Al proporcionar un ambiente de apoyo y enseñar habilidades emocionales, estás ayudando a los niños a desarrollar una base sólida para gestionar sus emociones a lo largo de la vida.

Cristina Pastor Martin
Pedagoga y terapeura Gestalt, especialista en crianza y profesora de yoga y meditacion.