El Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) se clasifica dentro de los Trastornos del Neurodesarrollo, con una fuerte implicación biológica. Es una manera diferente de ver el mundo.
La definición e intervención en autismo está en continua evolución. En la actualidad se hace mayor hincapié en el concepto de espectro, lo que significa que existe un continuo en el que la intensidad y variabilidad de los signos y síntomas fluctúan. Este cambio en la clasificación internacional facilita el acceso a tratamiento a personas con sintomatología más leve que antes pasaban desapercibidas y/o no podían acceder a los recursos necesarios para mejorar su adaptación al mundo.

Síntomas del Tea

Los síntomas del TEA se agrupan en dos dimensiones. Una enfocada a la comunicación e interacción social y otra relacionada con intereses restringidos y comportamientos repetitivos.

Según el Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM), estos síntomas deben estar presentes en la primera infancia y limitar o impedir el funcionamiento cotidiano. En los casos de sintomatología más leve, es posible que no se perciban las dificultades hasta más adelante, cuando las exigencias y el estrés de la vida aumentan.
Los aspectos principales a tener en cuenta para saber, a nivel diagnóstico, si estamos ante una persona con TEA serían:

  1. Poco Interés social hacia otras personas y habilidades de comunicación alteradas.
  2. Comportamientos estereotipados y limitados intereses, con marcada rigidez cognitiva.
  3. Signos de alarma, según el momento evolutivo de la vida del niño, presentes en la primera infancia. (Galván, 2017):

Síntomas TEA desde los primeros meses de vida hasta los 12 meses

  • No mira o lo hace fijamente.
  • No sonríe o su sonrisa se queda congelada.
  • Falta de reacción ante los estímulos externos (o es ausente o exagerada).
  • Mayor atención hacia los objetivos que hacia las personas.
  • A veces parece no oír.
  • Sin ansiedad ante los extraños alrededor de los 9 meses.
  • No tiene balbuceos al final del primer año.
  • Falta de vocalizaciones.
  • No señala ni imita gestos de otras personas.
  • No anticipa conductas, por ejemplo, al ser levantado por los brazos cuando va a ser cogido.

Síntomas TEA entre los 12 y 18 meses

  • Menos contacto visual.
  • Cuando se le llama por su nombre no responde.
  • No señala para pedir algo.
  • No muestra señales de interacción con otras personas ante los objetos.
  • Alta sensibilidad auditiva. (Se tapan los oídos).
  • No le interesan los juegos de interacción simples.
  • Explora objetos de forma inusual.
  • No imita de forma espontánea.
  • No parece tener intención comunicativa en su balbuceo.

Síntomas TEA entre los 18 y 24 meses

  • No señala con el dedo para compartir un interés.
  • Le cuesta seguir la mirada del adulto.
  • No mira hacia donde otros señalan.
  • No suele mostrar objetos.
  • Desarrollo con retraso del lenguaje comprensivo y/o expresivo.
  • Falta de juego funcional con juguetes o juegos repetitivos como alinear, abrir y cerrar, encender y apagar, entre otros.

Nivel de gravedad del TEA

Según el nivel de ayuda que necesite la persona para desarrollar su día a día con normalidad, el DSM habla de 3 niveles de gravedad, donde el grado 1 sería para personas que requieren de una ayuda necesaria, en el grado 2 necesitan una ayuda notable y en el grado 3 necesitan una ayuda muy notable.

Basándonos en el recuadro de Niveles de gravedad del TEA de la American Psychiatric Association, 2014.:

  • Grado 3 “Necesita ayuda muy notable”: La persona tiene una comunicación social mínima y una gran interferencia en la vida diaria. Es una persona que muestra excesiva inflexibilidad y problemas para cambiar su foco de atención a otros temas.
  • Grado 2 “Necesita ayuda notable”: En este nivel la persona muestra un marcado déficit en su comunicación con iniciativa y respuestas limitadas ante la misma. Los comportamientos restringidos y repetitivos provocan interferencias frecuentes y dificultad para cambiar de foco.
  • Grado 1 “Necesita ayuda”: La persona no necesita un apoyo directo para la comunicación pero las alteraciones que se producen al interactuar es este ámbito son significativas. A nivel de comportamientos rígidos se produce una interferencia significativa en al menos un contexto.
  • Síntomas subclínicos: Algunos síntomas en la comunicación social pero sin alteraciones significativas. Sobre los comportamientos estereotipados, tiene un interés excesivo e inusual, pero no interfiere.
  • Dentro de la normalidad. La persona puede ser peculiar o aislada pero sin interferencia en la comunicación social ni con respecto a los comportamientos restringidos y repetitivos.

 

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Emociones y bienestar psicológico en el TEA

Las personas con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) tienen un desarrollo diferente al resto de personas, con sus fortalezas y debilidades específicas. Puedes saber más leyendo nuestro artículo Características del Espectro Autista, una mirada más allá del DSM-5.
Hoy por hoy es unánime el hecho de que la inteligencia emocional y el ajuste psicológico juegan un papel esencial en el bienestar de las personas. También es sabido que el bienestar está vinculado con el sentido que le damos a la vida, la percepción de salud que tenemos, las interacciones sociales satisfactorias, la red de apoyo, el ajuste escolar y la autoestima.

Si el área emocional es tan importante, debemos inferir que la adaptación de personas con TEA en la sociedad y su bienestar va a contar con más obstáculos que para otras personas. Por ello, evaluar e intervenir sobre su estado emocional y autoconcepto se vuelve un trabajo imprescindible a abordar de manera multidisciplinar.

Existen dos términos, el Síndrome de Asperger (SA) y el Autismo de Alto Funcionamiento (AAF), integrados dentro del espectro a día de hoy, que se han utilizado para clasificar a las personas con TEA con sintomatología más leve y mejor adaptación al entorno. Estas personas tienen una capacidad intelectual dentro de la norma y habilidades comunicativas preservadas.

Las personas con TEA con sintomatología leve, sin embargo, son más conscientes de sus dificultades y, en parte por ello, más propensos a poder desarrollar sintomatología comórbida y tener sensación de peor calidad de vida. Se ven con la dificultad para dar respuestas efectivas ante los problemas diarios, con déficit de habilidades en la toma de decisiones y en la reacción y gestión emocional, entre otros. Al ser conscientes, el sufrimiento es mayor.

¿Hay algo que podamos hacer para facilitar la adaptación de las personas con TEA en la sociedad?

El primer paso es observar, con cautela, en la fase más sensible a la aparición de los síntomas, desde el nacimiento hasta los 24 meses. La intervención temprana va a ser esencial para que la persona pueda tener la mayor adaptación posible.

Población vulnerable de TEA

Es fundamental hacer un seguimiento exhaustivo en la población más vulnerable a poder desarrollar un TEA. Según la APA, 2013, serían:

  • Hermanos/as de niños/as con TEA.
  • Grandes prematuros.
  • Niños adoptados.
  • Niños maltratados y/o que han sufrido negligencia.
  • Niños con antecedentes de consumo de tóxicos y/o exposición a sustancias por parte de la madre durante el embarazo.
  • Bebés de cuidadores con depresión y trastornos psiquiátricos.
  • Niños con discapacidad psíquica y/o sensorial.

Detección de TEA en grados Leves

¿Qué ocurre cuando el TEA está presente, pero es leve y las dificultades pasan desapercibidas?
Necesitamos mejorar la formación de nuestros profesionales sanitarios y educadores para ofrecer la mejor ayuda posible.

Es necesario saber que cuando el TEA se manifiesta en su versión más suave, con síntomas leves, realizar un diagnóstico adecuado se vuelve una tarea compleja ya que éste tiene características comunes con varios trastornos, como TDAH, trastorno obsesivo compulsivo, problemas ansioso-depresivos, trastornos de la conducta alimentaria o trastornos del sueño.

TEA en Mujeres

La literatura refleja que esto es aún más complicado en el caso de mujeres con TEA, población en la que el diagnóstico se da de forma más tardía, suelen diagnosticarse antes otras patologías y también hay una tendencia mayor a disimular y/u ocultar los síntomas para evitar el estigma que conlleva la enfermedad.

TEA y depresión

La depresión es uno de los trastornos comórbidos más frecuentes en las personas con TEA. Aparte de la tristeza y desmotivación, esta patología puede presentarse de otras formas fuera de lo habitual.

La persona puede verbalizar que está deprimida, que no tiene ganas de hacer nada, manifestar problemas para dormir, sentirse cansado/a y sin energía, sentirse inútil o culpable en exceso y llegar a tener pensamientos recurrentes de muerte, llegando a querer morir e intentarlo.

Bienestar emocional en personas con TEA

Como podemos comprobar, conseguir el bienestar emocional y una buena adaptación a la vida, y más la vida adulta, es un camino complejo para las personas con TEA.

Hemos hablado de trastornos y diagnósticos, que son fundamentales para facilitar el acceso a ayudas y recursos para conseguir el bienestar del que hablamos, pero a la hora de tratar a las personas tenemos que alejar el foco del diagnóstico y ponerlo en lo importante, la persona.

Si trabajamos la aceptación incondicional, aprendemos a escucharnos y a escuchar, la ardua tarea se vuelve más sencilla. Aprender a etiquetar correctamente los estados emocionales ayudará a la persona a fomentar la empatía hacia los demás y conocer y tener en cuenta sus propias necesidades.

Las personas con una buena autoestima confían en sí mismas y sus recursos, se sienten merecedoras de que les ocurran cosas buenas y confían en que, con esfuerzo, tendrán buenos resultados. Si los profesionales nos centramos en los síntomas y las carencias de la persona, quizá no estemos sabiendo transmitir la ayuda para conectar con las fortalezas. Es algo ante lo que tenemos que estar muy atentos.

Vamos a reforzar emocionalmente y tener siempre presente que la persona que se siente segura y aprende a confiar encuentra sus recursos, es consciente de sus limitaciones y sabe encauzarlas para ser él/ella mismo/a y tener calidad de vida.

Necesidades reales, sentidas y potenciales

Escuchar a las personas implica ser conscientes no sólo de sus necesidades reales, sino también de sus necesidades sentidas y potenciales, según Ferrández, (en Molina y Contreras, 2007:77).

  • Las necesidades reales son aquellas que pueden ser descritas de manera objetiva partiendo una situación concreta, las necesidades en las que tanto profesionales como familiares hacemos mayor hincapié por inercia.
  • Las necesidades sentidas, más relacionadas con la percepción subjetiva individual.
  • Las necesidades potenciales, las que partiendo de una situación concreta, se podrían producir en un momento determinado de cambio.

Prestar más atención a las necesidades sentidas de estas personas nos ayuda a escuchar de una forma más eficiente lo que necesitan para superar sus dificultades personales y a nivel de interacción social. Por otro lado, escuchar las necesidades potenciales sirve para planificar desde el presente posibles respuestas enfocadas a mejorar el bienestar.

¿Cómo se incorporan las personas con TEA a la vida adulta?

El proceso de transición de las personas con TEA a la vida adulta se suele situar con el fin de los estudios obligatorios y la incorporación efectiva al mundo adulto, cuando se sientan las bases de una vida independiente.

Es la propia persona la que tiene que ser el centro del proceso de planificación de su vida adulta.

Se trabaja para facilitar el acceso al mundo laboral, a la vivienda para tener una vida autónoma, acceso a formación permanente que le permita realizar su trabajo de cuidado físico, emocional y social, acceso a la oferta de servicios de la comunidad que favorezca la interacción social y el acceso a una vida familiar propia con la elección de pareja, hijos, etc. si así se desea.

Recomendaciones para la incorporación de personas TEA en la vida adulta

  • Realización de revisiones médicas y neuropsiquiátricas periódicas.
  • Observación de uno mismo para prevenir la posible sintomatología asociada y en su caso buscar tratamiento lo antes posible.
  • Tener presentes los cuidados psicológicos fundamentales y pedir ayuda, si se considera necesario, con el fin de controlar la sintomatología autista, mejorar la regulación emocional, las habilidades de comunicación y fomentar relaciones sociales de calidad.
  • Apoyarse en el entorno en los momentos de cambio vital.
  • Cuidar la calidad de vida de los familiares.

Después de todo lo comentado en estas líneas es necesario remarcar la importancia de tener una mirada amplia ante el mundo y lo que vivimos y, con ello, fomentar el respeto, la comprensión y aceptación de la complejidad e individualidad de las personas con TEA.

Recordemos que es importante poner el foco en la persona completa, más allá de sus dificultades y carencias, y valorar también los recursos intrínsecos a ella para contribuir a que cada persona construya una vida adulta satisfactoria y plena.

Mónica Domingo
Psicóloga de Apraxia Psicología

Referencias

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